EL TIRO FEDERAL
NO SE ENTREGABA

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La Asamblea del Oprobio.

Todo se inició con un aparente orden, estricto control de ingreso, check-in de oradores y presencia de oficiales de la Inspección General de Justicia, para darle legalidad inobjetable. 

Los voluntarios para el punto uno fueron escasos. (Quizás lo habían dejado al azar, para que parezca todo espontaneo).

Cuando se pasa al punto 2, entre varias mociones simultaneas, el presidente optó por ceder la palabra a quien obviamente propondría lo que tenían planeado, una moción para proceder directamente a votar por el Si o el No.
A símil propuesta, en la asamblea del 26 de Noviembre, se había hecho oídos sordos. Pero esta vez, presumiendo que eran mayoría, callar a los que podrían restar algún voto, era tan lógico como inequitativo. Mientras algunos oradores frustrados echaban espuma por la boca, no hubo más remedio que ceder, ante la contundente mayoría que aprobó la moción.

Todos sabíamos que el TFtanic tenía las horas contadas y su hundimiento estaba cercano. Veníamos de un largo proceso, en el cual el GCABA se encargó de debilitar la nave desde afuera, mientras sus colaboradores perforaban el casco por dentro. Incluso el día previo a la asamblea, alguien se apersonó en el club para recordarnos, que si no abandonábamos la nave en paz, el musculoso GCABA podría provocar tormentas perentorias, que empeorarían aún más las situación. Por tanto ya no saldríamos remando, si no a nado por el agua congelada.

Creo que se trataba de ser pragmáticos. Sin más opciones y con insinuaciones amenazantes, solo quedaba un camino. Entonces la mayoría votó por saltar a los botes.

Una estoica minoría, aun con el agua hasta las rodillas, se opuso a la entrega. Sabían que no había salvación, pero su orgullo y su dignidad, fueron más fuertes que las ilusiones de la propuesta. Por eso muchos: SI, se esbozaron con disimulo y los NO, eran todos resonantes.

En cada interrogación, tratando de inducir a los votantes, el presidente meneaba la cabeza hacia arriba y  abajo (como perrito de auto). Seguramente, luego habrá corrido hacia la meta, ávido por escuchar el tañido de la campana de cristal. Mientras tanto, el “masterminder” de la entrega, no podía contener su alegría y se tapaba la cara con las manos para carcajear. 

Salvo que algún letrado encuentre la bala de plata para detener el proceso, la mutilación del monumento histórico comenzará rápidamente. Imaginemos que si fuera una estatua ecuestre, comenzarían por decapitar al caballo: polígono (A) para luego sin lastimar al prócer, diseccionar el resto: polígono (C).

Los desarrolladores inmobiliarios, habrán descorchado champagne del bueno con la noticia. Los socios en cambio, nos quedamos con gusto a poco, después de haber cruzado el Rubicón. Quizás la única  certeza es la conservación del polígono B (sin líneas de tiro) donde nos quedan las opciones de convertirnos en curadores del museo, o manejar algún negocio rentista, con la venia del  GCABA. 

Como sea, el objeto principal de la institución quedará en la incertidumbre, hasta que el  GCABA de cumplimiento a sus promesas, de habilitar las nuevas instalaciones.

Al igual que los planeros, quedamos cautivos de los políticos. Quizás nos pidan el voto y hasta nos traigan el choripán a domicilio.

Bien podríamos cambiar el letrero que dice: “Aquí se aprende a defender la Patria” por uno actualizado que diga: “Aquí se aprendía a defender la Patria”.

Si ánimo de ofender a nadie, porque casi todos fuimos víctimas,
Cordiales saludos.